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El corazón en perros y gatos mayores.

El aumento del número de mascotas que llegan a su "tercera edad", conlleva la aparición de patologías antes consideradas inexistentes.

Con los mejores cuidados aplicados a nuestras mascotas su expectativa de vida se ha multiplicado en los últimos años casi por dos, y no es raro ver en nuestras consultas perros y gatos de 17 o más años. Muchos propietarios de estos animales se sorprenden cuando se les diagnostica una insuficiencia de corazón. Sin embargo hoy en día es una de las patologías más frecuentes en perros viejos.


La insuficiencia cardiaca crónica es una condición progresiva resultante de la incapacidad del corazón, por diversas causas, para impulsar la sangre y garantizar una adecuada irrigación de los órganos del cuerpo. La consecuencia es la disminución de la capacidad funcional de esos órganos, con diversas manifestaciones clínicas: desmayos cuando el riego del cerebro es insuficiente, encharcamiento del pulmón, insuficiencia renal (al pasar menos sangre por el riñón, este filtra menos), etc.

Una vez instaurada, la insuficiencia cardiaca va progresando más o menos rápido dependiendo del animal y otras causas.

Aunque no existe un tratamiento curativo práctico, la detección del problema en sus fases tempranas puede mejorar la expectativa y calidad de vida del animal enormemente.

Como en las personas, el tratamiento en la mayoría de los casos va a encaminado a disminuir la resistencia del sistema circulatorio al movimiento de la sangre, mediante medicamentos dilatadores de las venas. Así se le exige menos trabajo al corazón. En casos avanzados, se disminuye la posibilidad de que se produzca un edema o encharcamiento fatal del pulmón mediante sustancias que hacen orinar más al animal, retirando líquido del torrente circulatorio. Cuanto antes se instaure el tratamiento, más efectivo será, y más se podrá alargar la vida de nuestra mascota. Por desgracia, la insuficiencia cardiaca crónica solo produce síntomas clínicos en fases avanzadas. Muchas veces cuando el animal enfermo llega a manos del veterinario ya se encuentra bastante deteriorado. No conviene por tanto esperar a que el animal empiece a tener desmayos o se pase la noche ahogándose y tosiendo para empezar a controlar el estado de su corazón.

Es conveniente que los perros y gatos de más de ocho años de edad visiten al veterinario al menos dos veces al año (pudiendo coincidir con las vacunaciones), para un pequeño chequeo, pues una simple auscultación y un sencillo electrocardiograma nos pueden poner en la pista del problema a tiempo.

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